Sobre Terapeutas Como Seres Humanos Y El Sentido de Sus Vidas

Parte I

 - El otro como prioridad -

Reconocimiento

El Papa Francisco dice: “Traten bien a los psicólogos, porque ellos son ángeles que bajan del cielo para ayudarnos.” Mientra muchos no carecen de reconocimientos externos, que son, por veces, solamente educados, cuando son reales, ayudan y nos llenan de motivación y vida. ¿Sabés por qué? ¡Porque somos humanos! ... ¡Y yo tenía una maestra que era así!

Estoy diciendo que ya he atendido a personas que traicionaban y eran traicionadas. Abusados y abusadores. Agresores. He ayudado a parientes de pacientes en procesos de falencia, ricos que llegaron a ser pobres y pronto comenzaron a vivir teniendo hambre y pobres que cambiaron sus vidas y se convertieron en afortunados, y así he conocido  casi todo en la vida y ciertas cosas aún me espantan y me quitan el sueño.

He acompanãdo a pacientes que morían. Accidentes, overdosis, otros que se suicidaron, personas que el Universo llevó y etc. He tomado el anillo de cajas mortuarias y he ayudado a sepultar a pacientes y parientes queridos. He tenido cáncer y he sobrevivido. He ayudado a velar personas cuando todos tenían crisis.

He sufrido con personas premiadas en juegos y que no sabían lo que hacer con el dinero ganado y además, no pagaron las sesiones y otros que tenían salarios mínimos y juntaban reciclables para pagar la terapia y hacían religiosamente el pago y, algunas de esas cosas me conmovían muchísimo.

He sufrido con psicópatas que no comprendían mi dedicación y ayuda. He ayudado familias de pacientes que sacaban a sus hijos de las drogas y otros de los montes de hierro en accidentes en coches cuando nadie más logró ningún éxito, cosas concretas y no concretas, muertes y matrimonios que ya nacieron muertos, de los que no sabían lo que hacían.

Yo he atendido a personas que no merecían lo que les ofertó la vida, a personas que consiguieron lo que deseaban en coachings que tuvieron éxito y otros que fueron increíbles y ganaron lo que deseaban porque, por suerte, casi todo fue un error en sus vidas.

De todos he recibido de todo, del reconocimiento al desprecio, de las reverencias a los regalos, pacientes ricos que suponían que yo era menos que un “empleado” y querían que yo hiciera lo que ellos me imponían y, yo los  rechacé e hice lo que yo tenía que hacer.

Un ex paciente se murió subitamente y yo lloré solo conmigo porque no podría llorar con sus parientes. Mis orígenes  me pusieron en luchas que me eran sorprendentes y ciertas personas me ayudaron, por ejemplo, el Prof. Jeffrey Zeig, Saulo Monte Serrat y la maestra Noeliza Biachini de Lima (in memorian), entre otros.

He atendido a personas que evolucionaron y hoy contribuyen para el bien del mundo y otras no tanto. Personas que se casaron, se quedaron solas y aprendieron a vivir de esa manera porque eran fuertes, otras que no haría falta que las conociese.

Ha habido los que partieron del alto de su frialdad y aprendieron a hacer frases, ideas y pensamientos que estaban hace casi años luz del calor de una relación vos-yo. Otros sufrían con la falta de una intimidad espiritual que pocos conocen y mal la soportarían.

 

El mejor aporte es el que inventamos “con” el otro

He vivido la realidad de una clínica viva y pulsante, que es la base del acontecimento y de los hechos, donde las cosas se revelan y el corazón encuentra amparo para desabrocharse. En una buena terapia, tanto el paciente como el terapeuta se sanan mutuamente y con frecuencia este último se sana aún más, quizás por una magia que aún no me es posible definir.

La sala de la clínica viva es una península donde el llanto encuentra más que sólo pañuelos y papeles para su acogida, mas encuentra el amor de los oídos humildes que se inclinan, el abrazo respetuoso, la fe de los que acreditan en el humano y lo escoge a pesar de todo y, en ese punto, que la así llamada neutralidad científica es solamente un sueño y una utopía.

Lleno de aciertos y errores parto de los presupuestos de una ética donde aún se escucha afirmaciones como:  “Solo podemos usar lo que es reconocido por la ciencia”, y así quedamos formalmente bloqueados en nuestro desarrollo para la innovación y la evolución como cientistas y profesionales y, no fue eso lo que muchos de mis profesores  hicieron.

En la realidad de la clínica viva no existen las  llamadas “líneas psicológicas”, no existen las “escuelas terapéuticas” porque eso es lo que se construye en la intimidad de las relaciones sanatorias en la clínica y fluye de lo que es esencial en el encuentro humano.

Tengo pasado 15 horas por día en mi clínica de lunes a sábado hace ya casi tres décadas y media, y comprendo cuando los Drs. Milton Erickson, Viktor Frankl, Ph.D. y hasta Bert Hellinger dicen que “tenemos que inventar una terapia nueva y un approach nuevo para cada nuevo cliente que llega”.

Las teorías sin alma son como camas de Procusto donde el huésped tendría que adaptarse, y si eran menores, su cuerpo era estirado hasta quedar con la misma medida que la cama tenía, y si fuera más grande, las piernas eran cortadas para que se quedaran con las mismas dimensiones de la cama y, como en el mito griego, las teorías, las escuelas, los aportes y las líneas psicológicas no son adaptables y costomizadas.

Desconocen el hecho de que uno es un ser único, exclusivo e irrepetible en el mundo, y no debería ser tratado como “igual” a nada ni a nadie. Ni siquiera de lejos uno es semejante a la mayoría y no es parte de un “todo estadístico” y desconocido.

Cada nuevo ser humano que llega, cada vez que uno mueve la manilla de la puerta y entra en la clínica, siento escalofríos, porque me siento frente a una persona completamente nueva y diferente de todos los que yo he encontrado antes y para los cuales no existen soluciones listas, se trata de una complexidad nueva, desafiadora y tan imprevisible que ningún acercamiento la alcanzaría.

Frente a ese nuevo ser, seremos desafiados a la invención de algo nuevo “con” él y no “para” él, a “cocrear” necesariamente con su ayuda algo cortado sob medida, algo sobre lo cual ni yo y ni él jamás siquiera oímos hablar. En ese momento el paciente cambia y se convierte en el “constructor” de un acercamiento trend y on demand para curarse. ¿Adivinen por qué? Porque el paciente es el terapeuta de si mismo y nosotros somos solamente los facilitadores de sus procesos personales para la curación.

Ese punto fue ampliamente revisto por avatares como los maestros Carl Rogers, Eric Berne, Fritz Perls, Viktor Frankl, Milton Erickson, Irwin Yalon, Richard Bandler, John Grinder, Bert Hellinger y otros.

En una psicoterapia cortada sob medida, “la cama de Procusto se ha flexibilizado y ha sido adaptada al paciente y se ha hecho como en una sastrería de la vida imperfecta, hecha por encomienda en el calor de la demanda donde nada existe como solución, mas todo puede ser hecho cuando se enfoca en la solución, cuando se trabaja “cortando a la medida”, cuando la solución puede hasta “no solucionar”, cuando el paciente escoge su dolor y necesita la solución como alivio de un dolor aún más grande.

Cuando el paciente es respetuoso, él “se respeta” y su sanación emana de la intimidad del “entre” que está oculto entre “ el Yo y el Vos”, cuando lo que importa ya no es más el sufrimiento, pero el sentido que tiene el dolor. La curación está en la persona misma y más allá de ella, en la sutil dimensión del “entre” y nace del vínculo y del sistema o quizás de la trascendencia, del suprasentido, pero jamás de la intimidad personal de uno de los sujetos.

Hay un momento en el que la importancia ya no se encuentra más en lo que la historia y el mundo hacen con nosotros, pero en lo que hacemos con lo que la historia, la vida y el mundo hacen de nosotros.

Hay además un momento fatal en el cual lo que más importa sobrepasa el dolor y el sentido de lo que aparentemente es sin-sentido y nos parece clamar, y entonces estamos delante de la curación que es “el sentido vivo” que se moviliza para justificar nuestra existencia.

De esa manera el paciente reconoce el bien que su terapia le hace, cuando se hace efectiva y logra realizarse sola y por si misma. Como dice el Papa Francisco, a pesar de que la terapia es “unicamente del paciente, ese logra transponer su egoísmo y nos agradece por habermos sido compañeros de viaje en la conquista de sus realizaciones”.

En conclusión el terapeuta presta su “Yo” personal a la psicología para ayudar al ser en la búsqueda de hacerse mejor y en su curación. Entonces esa no tiene nada a ver con la felicidad y el alivio. Curarse es abrazar lo que el mundo nos concede y hacer algo con esto, darse cuenta sobre el sentido que esas cosas tienen para nuestras vidas y esto nos brinda alivio.

Sufrimos con aquellos que sufren y decantamos vivencias profundas mientras formalmente no nos sea prudente sufrir por nadie, pero nadie es tan dueño de si mismo y sabemos lo que pasa cuando nos dicen por ejemplo: “¡No pienses en el rojo!”

 El psicoterapeuta como ser humano

Hago un apelo a los versos de la Dra. Clara Feldmann, y a un poema que una vez publiqué en uno de mis libros del pasado ahora totalmente agotado. Dejo una señal de lo que siente un amigo de las últimas horas, de los que vive con el dolor del alma y no tiene la bravura y el arrojo de confesarse.

¡Estos son los terapeutas! Ellos por veces son tristes, sufren y muchas veces se enferman ayudando a otras personas, pero si los llaman, ellos guardan su dolor, consultan sus agendas, llaman por teléfono, enjugan los ojos, disimulan, inclinan los oídos con humildad y se olvidan de su dolor porque la prioridad ahora y casi siempre es el otro.

Queda decretado a partir de hoy,

que terapeuta es gente todavía.

Sufre, llora, ama y siente

y, por veces, necesita hablar.

 

El ojo atento, el oído abierto,

escuchando la tristeza del otro,

cuando, por veces, la tristeza más grande

está dentro del propio pecho.


Cuanto a mí, me quedo triste y me quedo alegre

y siento rabia también.

Soy de carne y soy de hueso

y quiero que vos te enteres de eso.

Y ahora, que ya sabés que soy gente,

¿querés hablar un poco de vos?"

 

José Carlos Vitor Gomes, Psic.

www.sitedopsicologo.com.br

Brasil

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